"En la Laguna de Hielo Azul cuentan que, hace mucho tiempo, tanto que ningún ser humano vivo lo recuerda, nacían y morían las almas preparadas para dar el Gran Paso.
Nadie sabe a ciencia cierta si esta leyenda es real, tal como sucede con todas las leyendas que valen la pena. Solamente los más ancianos del lugar conocen los detalles, o quizá los han ido inventando para adornar los cuentos que regalan a sus nietos en las noches cerradas de invierno. Solamente los ancianos… y una niña de ocho años a la que todos los habitantes de la región consideran, de una manera respetuosa, el ser más extraño que hayan conocido nunca.
Mawe no recuerda en qué momento de su corta vida comenzó a tener esos sueños mágicos que le hacían despertarse con una sensación plena de paz, como la que debe de sentirse flotando en el vacío del universo. Unos minutos antes de poder abrir los ojos a la mañana, cada día, sentía que se hallaba en dos mundos al mismo tiempo: éste y uno que no recordaba haber visitado nunca y del que guardaba, sin embargo, olores, colores, sabores en su memoria. Cuando preguntaba a sus padres por aquel lugar, ellos no sabían nunca qué responderle, salvo que siguiera dejándose llevar mientras dormía y así, en algún momento, algo o alguien le revelaría todos aquellos secretos que ahora parecían estarle vetados.
La niña, además, tenía algunas cualidades que admiraban sus vecinos, como la de crear grandes burbujas de colores a partir de las nubes y hacerlas morir en la laguna, o hacer volar las flores rojas que brotaban alrededor de ésta, junto a los flexibles juncos que danzaban para el viento.
Normalmente siempre había dos o tres personas en casa de Mawe que iban a visitarla por el simple placer de disfrutar de su compañía, ya que permanecer a su lado durante algunos minutos garantizaba a cualquiera una noche de pacíficos sueños. Y a la niña le gustaba contar sus oníricas experiencias a todo el que realmente estuviera interesado en ellas.
- Anoche volaba por encima del planeta. Veía una gran bola azul rodeada de nubes, algunas blancas y otras grises, como las que traen mucha lluvia al final del verano. Mientras volaba rodeando la Tierra para observar cada continente, vi de repente otro ser a lo lejos que parecía estar haciendo lo mismo que yo. Pero este ser brillaba, como si tuviera luz propia, y se movía más rápido. Intenté llamarle pero mi voz no quería salir, y se alejó… Espero poder preguntarle esta noche quién o qué es.
María y Clara, las vecinas ancianas que vivían juntas en la casa de al lado, asintieron entusiasmadas pensando que seguramente la niña acabaría hablando con ese ser extraño que acababa de describir.
- ¡Vendremos dentro de unos días para que nos cuentes más cosas! Suerte, niña. Estamos seguras de que ese misterioso ser hablará contigo.
Y con una sonrisa se despidieron para irse a cenar a su hogar.
Pasaron varias semanas en las que los sueños se repetían, pero el ser de luz parecía no querer mostrarse de nuevo, a pesar de que Mawe volaba alrededor de la Tierra, más rápido que en noches anteriores, en su busca.
Un día, mientras la niña de las burbujas recorría el camino hacia el colegio, vio algo moverse en la rama del gran roble que reinaba sobre la primera colina. Podría tratarse de un enorme pájaro, pensó para sí. Pero algo le decía que no. Ella intuía, del mismo modo que sabía a ciencia cierta cuándo y dónde caerían las lluvias de cada estación, que no se trataba de un animal conocido. Caminó despacio hacia el árbol, y mientras se dirigía allí con sigilo, pudo distinguir una pequeña luz en una de las ramas. No se trataba del sol, pues el astro rey había amanecido justo por el otro lado.
Mawe siguió avanzando con mucha curiosidad hacia el gran árbol, pero cuando llegó a una distancia suficiente para saber qué era aquello, hubo un gran destello que la dejó ciega por unos instantes y después, nada. El árbol permanecía quieto, casi demasiado teniendo en cuenta que ese “algo” acababa de marcharse y tendría que haber provocado algún tipo de movimiento en sus ramas y hojas.
La niña continuó su camino pensando que toda explicación aparece en el momento apropiado.
Flotando entre estrellas azules me siento llena de paz. No percibo nada más allá de esta nebulosa cálida y refrescante al mismo tiempo. Te veo desde aquí pero no puedo estar a tu lado, no ahora. Intento moverme hacia el mágico lugar donde te encuentras… Algo no me deja avanzar. Caigo en un pesado y agradable letargo y mientras tanto, espero que algo diferente suceda…"
Luz
Junio 2011