miércoles, 28 de diciembre de 2016

Soy yo, siempre yo,
como el mar cambiante
de olas cercanas
y tormentas lejanas.
Soy yo cuando callo,
cuando río,
cuando muero,
una y otra vez,
una y otra vez,
una y otra vez.
Soy yo,
irrepetible,
odiada por mí,
amada.
Solo yo.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Las lecciones aprendidas 
y las invisibles.
Las experiencias vividas, 
sangradas,
desgarradoras,
y aquellas que aún no han brotado
del suelo.
Los sueños,
metáforas,
deseos
y alumbramientos.
Las medallas,
derrotas y
caídas,
aplausos,
desafíos.
Las palabras 
cuyas bocas
muerden sin saberlo.
Las teclas
y sonidos
y ventajas
y silencios.
Los ancianos
en sus sombras,
y el repiqueteo
del mismo momento
que se repite
ante el mío.

sábado, 3 de diciembre de 2016

    Arropada por la chaqueta de lana color verde jaspeado y los rayos de sol que bañan la terraza, pienso que resulta mucho más fácil leer la desoladora realidad de los personajes creados por Murakami que vivir una existencia parecida a la suya. Es incluso gratificante observar cómo van aceptando sus circunstancias a medida que avanza la historia. ¡Parece tan sencillo caminar como un ser solitario!

Sin embargo, mi realidad es otra. A la hora de la verdad, envidio a esos seres que encuentran diversión en el acto de compartir palabras durante horas con otros seres humanos. Yo me he dado cuenta de que me canso de las trivialidades del otro a los cinco minutos. Siempre ando buscando la diferencia, la autenticidad, el bicho raro y excéntrico que me hace reír sin proponérselo. Sí, soy Acuario, o esa sería la excusa según todo ese tema de los horóscopos y las personalidades.

Dicen que la felicidad reside en ser coherente con uno mismo. Entonces, ¿qué hago yo desperdiciando ocho horas en un trabajo en el que no me queda otro remedio que tratar con los problemas de los demás? Huy, parece que esto sí que es una incoherencia. Huy, parece que esto resta puntos para ser feliz.

Hace dos días hablaba por teléfono con mi amiga M. y, al contarle cómo me sentía en el ámbito laboral, sin pensarlo pronuncié la palabra “atada”.
Puede que simplemente deba hacer caso de lo que siento sin más. Sin planes, sin pensar en un mañana que aún no existe, pero volando hacia otro lugar . ¿Qué tiene de malo?

Sí, también hay veces que envidio a esas personas que pueden realizar el mismo trabajo durante años y no se asfixian. Me parece tanto un acto de valentía como de conformismo auto-esclavizador, según de quién se trate.


Pero la envidia no es un sentimiento saludable para nuestro organismo. Más beneficioso sería aceptarse a uno mismo e ir haciendo camino, idea y verdad que quedaron escritas a sangre y fuego por Machado.