jueves, 27 de abril de 2017

Los cambios asustan. Tambalean nuestro interior y el entorno que nos rodea. A veces sorprende cómo reacciona la parte externa, como cuando lanzas una piedra a un estanque y se dibujan ondas en el agua: nunca sabes cuánto durará el movimiento ni qué orillas tocará la suave ola.
Esas consecuencias causan que más de uno se piense si merece la pena el cambio, el reto. 
Sí, merece la pena, por uno mismo. 
Es el aleteo de la mariposa que turba a seres del otro lado del mundo. Unos lucharán contra el efecto, otros se mostrarán de acuerdo y fluirán con él. Unos seguirán en un camino visible desde el tuyo, otros simplemente desaparecerán, porque nada es eterno, porque merece la pena seguir creciendo.

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